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Día Mundial del Medio Ambiente: el valor económico del ecosistema es de 125 billones de dólares al año – RankiaPro

Autor: Rankiapro
  • 05-06-2020

  • 6 minutos

Sobre el autor

Leticia Rial

Content Manager

El Día Mundial del Medio Ambiente de la Organización de Naciones Unidas (ONU) se celebra el 5 de junio y este año está dedicado a la biodiversidad. La ONU entiende por biodiversidad la variedad de plantas, animales y microorganismos existentes, las diferencias genéticas  y los ecosistemas. Su informe de 2019 ya advirtió que un millón de especies animales y vegetales están en riesgo inminente de extinción. De hecho los científicos creen que estamos viviendo la sexta ola de extinción masiva en la Tierra, que, a diferencia de los cinco anteriores, está causada casi exclusivamente por los seres humanos.

La diversidad biológica escala prioridades

Steve Freedman, especialista en inversión temática de Pictet AM

La pérdida de diversidad amenaza la salud. Incluso existen pruebas de que puede aumentar los casos de zoonosis -enfermedades transmitidas de animales a humanos-, mientras que mantenerla estable facilita la lucha contra pandemias como las causadas por coronavirus.  Además, el ecosistema proporciona bienes y servicios vitales para los seres humanos y se debe reconocer su valor económico.  Es el caso de la polinización, pues hay una alarmante disminución de la población de abejas, que amenaza con socavar la agricultura e industria alimentaria mundiales.

Es alentador conocer que la diversidad biológica haya escalado prioridades en la agenda política, hasta el punto de que fue tema clave de la cumbre de líderes del G7 en Francia en 2018. Es previsible, para un futuro no muy lejano, que se acuerden metas cuantificables y que la protección de la biodiversidad, al igual que el cambio climático y objetivos de reducción de CO2, se someta a normativa.

Esta creciente presión obligará a las empresas a medidas más decisivas para proteger el ecosistema, pues, aunque no asuman directamente los costes, es probable que tengan que pagarlos indirectamente por normativa y litigios.  Así que, como primer paso, pueden incluir su huella de biodiversidad u objetivos de salvaguardia en los informes trimestrales -algunas empresas francesas ya están obligadas a hacerlo por ley- o bien integrar la protección de especies o la restauración del hábitat en sus políticas de compromiso.

Hay que tener en cuenta que los científicos han estimado que la contribución económica total del medio natural equivale a 125 billones de dólares al año, mientras que la pérdida de biodiversidad y servicios ecosistémicos puede generar enormes costes de producción, restauración o reemplazo, incluso empleando sustitutos mediante la tecnología. Se estima que las necesidades de financiación relacionadas con la diversidad biológica rondan los 500.000 millones de dólares al año y que actualmente, según estimaciones de la OCDE, dichas inversiones solo suman 39.000 millones. Tendrán que aumentar.

  • Opciones para el inversor: exclusión e inclusión
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Ahora bien, con este marco de nueve límites medioambientales es posible medir la huella ambiental de las empresas a lo largo del ciclo completo de vida de sus productos y servicios.

De hecho, consumidores, empresas y gobiernos ya reconocen que los correspondientes desafíos ambientales deben abordarse.  Al respecto el inversor puede optar por estrategias de inversión excluyentes, las aproximaciones más simples, diseñadas para evitar resultados ambientales negativos.  También puede optar por estrategias que integran criterios ASG (ambientales, sociales y de gobierno corporativo) como factores de riesgo en el proceso de inversión o bien seleccionan las mejores empresas de su clase en cuanto a ASG. 

Si se quiere ir más allá y generar impacto positivo las opciones incluyen estrategias proactivas en fondos temáticos, así como inversión de impacto -más relacionada con vehículos ilíquidos y capital privado-.

Sandy MacDonald, Head of Sustainability en Standard Life Aberdeen

Hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente, la principal iniciativa de las Naciones Unidas para fomentar la conciencia y la acción para proteger nuestro medio ambiente. Este año el enfoque está puesto en la biodiversidad, un tema tan importante porque es la base de toda la vida en la tierra, incluyéndonos a nosotros. Y me complace que nuestro propio enfoque en este ámbito signifique que ya hemos cumplido nuestra promesa y somos oficialmente neutrales en cuanto al carbono.

Como es de esperar, nuestro primer paso es reducir nuestras emisiones tanto como podamos – y tenemos objetivos a largo plazo para hacerlo – y luego compensamos lo que queda. En asociación con ClimateCare, estamos apoyando un asombroso proyecto de compensación acreditado con base en la selva tropical de Gola en Sierra Leona durante los próximos tres años.

A través de este proyecto estamos ayudando a proteger alrededor de 2.000 hectáreas de selva tropical cada año, que es el hogar de más de 330 especies de aves, el muy raro hipopótamo pigmeo y los chimpancés. Nuestro apoyo también permite la capacitación de los agricultores locales en el cultivo sostenible del cacao, y la inversión en escuelas, hospitales y educación.

Hasta ahora hemos contribuido a compensar 10.000 toneladas (CO2) de emisiones de carbono que se han evitado a través del proyecto, lo que ha permitido proteger 2.108 hectáreas de selva tropical.

Queremos apoyar la biodiversidad en todas nuestras zonas de impacto – hemos organizado sesiones educativas para los empleados, recientemente lanzamos nuestra nueva estrategia de donaciones benéficas asegurando que estamos haciendo más para construir conexiones entre las personas y nuestro planeta, y nos centramos en impulsar el cambio a través de la forma en que invertimos.

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¿Cómo los inversores a largo plazo tienen la posibilidad de cuidar el medio ambiente?

Petra Daroczi, analista de ESG en renta fija de Aberdeen Standard Investments

Como inversores nos damos cuenta de la fragilidad del medioambiente, de las comunidades y de las empresas en las que invertimos. La reciente pandemia ha evidenciado que las vulnerabilidades que muestran las empresas a los shocks externos pueden poner a prueba la resistencia de sus modelos de negocio a largo plazo. El cambio climático es un factor que se desencadenó hace muchos años y puede que (todavía) no sea una amenaza inmediata para muchos de nosotros. Como resultado, podría resultar fácil caer en la tentación de no cumplir los compromisos de hacerle frente y dejar de lado las ambiciones climáticas frente a cuestiones más inmediatas.

Nosotros no pensamos así. Como inversores a largo plazo, tenemos la capacidad de apoyar a las empresas en sus ambiciones de transición energética. Lo hacemos no sólo porque puede ser lo «correcto», sino también porque las empresas más resistentes sobrevivirán a largo plazo y ofrecerán rentabilidades más sostenibles. Nos centramos en dos áreas clave: qué impacto material podría tener el cambio climático en el negocio y el grado de eficacia de la organización para hacerle frente. Nos interesan especialmente las empresas que pueden demostrar que se han embarcado en un viaje para descarbonizar sus actividades.

Al incluir los bonos, una estrategia viable de descarbonización ayudaría en parte a asegurarnos de que el negocio de la compañía es resiliente, que será capaz de generar flujo de caja, de pagar su deuda y de continuar accediendo a los mercados de capital a un coste de financiación razonable.

La transición a una economía con bajas emisiones de carbono es especialmente problemática para el sector de los servicios públicos en la región de Asia Pacífico, dada su dependencia de la generación eléctrica alimentada por carbón de bajo coste y en grandes cantidades.  Para nosotros es fundamental canalizar el capital privado hacia empresas que puedan demostrar su compromiso de alejarse de los recursos más contaminantes.

Además de los análisis que hacemos sobre el riesgo de carbono a nivel específico de cada compañía, también  las estudiamos desde arriba.  La perspectiva de su directiva nos dice si en su junta directiva existe un comité a cargo de la sostenibilidad y si los indicadores de desempeño en relación al desarrollo de la transición energética están vinculados a la remuneración de los ejecutivos. También evaluamos el nivel de esfuerzo realizado por la empresa para comunicarse con los inversores, por ejemplo, mediante informes de sostenibilidad y/o adhiriéndose a iniciativas de divulgación mundial. Las actividades de lobby también pueden ser un indicador de si la empresa está apoyando las causas «correctas» que se alinean con su visión del carbono y si realmente su discurso va en línea con sus acciones.

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También evaluamos si la empresa se ha comprometido con el cumplimiento de los objetivos y plazos de descarbonización, y si informa sobre los tipos de proyectos que le permitirán acercarse a la consecución de esos objetivos. Por ejemplo, una compañía puede comprometerse a retirar anticipadamente el 50% de sus unidades de carbón para 2025. También podría embarcarse en un cambio radical en el uso de combustible de carbón a gas mediante la construcción de una nueva central eléctrica a gas para mediados de la década de 2020. También podría comunicar de forma transparente el grado de reducción de las emisiones que lograría con el cambio de la generación de energía de carbón a la de gas. Por último, podría fijarse el objetivo de aumentar la proporción de energía renovable en su combinación de generación desde niveles mínimos a un 30% para 2030.

Por lo tanto, el resultado de nuestra evaluación del riesgo del carbono es doble. En primer lugar, nos permite tener una visión más holística del riesgo y las oportunidades de nuestras inversiones al considerar su exposición a los riesgos climáticos emergentes. En segundo lugar, nos ayuda a hacer que nuestras carteras sean más resistentes al clima invirtiendo en empresas cuyo modelo de negocio sea realmente viable y sostenible a largo plazo.

Basándonos en nuestro análisis de la exposición actual al carbono y en la estrategia para la futura descarbonización, nos gustan las empresas que pueden desempeñar un papel clave en la transición energética. El «efecto de perspectiva» incitó a los viajeros espaciales a ver el panorama general y a mirar el mundo en su totalidad. La transición energética debería tener el mismo efecto en los inversores, ayudando a desarrollar un marco de inversión planetario y multigeneracional, y financiando un mundo sostenible para que muchos más astronautas de las generaciones futuras puedan admirar el «efecto perspectiva»: nuestro planeta.

Etiquetas: Aberdeen Standard Investments | biodiversidad | ESG | Inversión Sostenible | medio ambiente | Pictet AM

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