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El enigma que nos dejó Eric Colón

Autor: El Estimulo

Tras la muerte de Cayayo, leí en el semanario Urbe una hermosa confesión: un atolondrado aprendiz de guitarrista que se levanta de madrugada, cuando todos duermen, y se desliza silencioso para sostener en sus manos la guitarra del ídolo y rasgar las cuerdas, suave, muy suave, como acariciándolas, para que nadie descubra esa conquista tan íntima y conmovedora.

El protagonista de ese episodio y de esa confesión fue Eric Colón. Han pasado tantos años de eso, tantas cosas leídas, además, y siempre recuerdo el efecto de esas líneas, la belleza simple y tan potente del gesto.

Cayayo murió en noviembre de 1999. A Eric lo conocí en julio de ese año al comenzar el viaje a una aventura: a Woodstock 99. En aquellos días intensos, precarios, alucinantes, calcinantes, se selló una amistad de esas irremediables, de esas que sostienen sus puentes a pesar de las distancias y los tiempos y que tienen ese efecto mágico de renovarse con un par de palabras, con un apretón de manos, un mail, un mensaje al celular, un simple gesto.

Ya no volverá a ocurrir nada de eso: Eric acaba de morir en Bogotá.

Periodista, escritor, editor, músico. Eric era un talento. Eric era un buen amigo de sus amigos. Eric era la pantera rosa con un sobretodo oscuro. Era un rockstar sin limosina. Era un fabulador y también un tipo que te hablaba claro. Era el esposo de Vero, era –es- el papá de Federica. Era un intenso que le daba mil vueltas a las cosas y también sabía reírse de cualquier pendejada. Eric se te acercaba y te abrazaba siempre. Conversabas con Eric por primera vez y a los 5 minutos ya estabas en el bolsillo de su chaqueta. Eric tocaba la guitarra y cantaba. Eric tocó en varios discos. Tuvo el suyo: Fantasma. A Eric creo que lo vi con su banda “Grillos mientras tanto” tocando y pasando la gorra en el Parque Lezama, en Buenos Aires, pero fue una alucinación… En estos casos uno debe enumerar las cosas que hizo el que ya no está. Es lo que intento. Pero esto es triste y no ando de humor para buscar fechas y respetar formalidades.

eric colón

Eric estuvo en su ambiente natural en las páginas de Urbe, hasta que el semanario desapareció. En algún momento pasó por la revista Todo en Domingo, en El Nacional, y aunque le fue bien allí, la verdad es que tenía una pulsión, una necesidad de explorar más allá de los medios “serios” y de pronto convenció a un grupo de periodistas, fotógrafos y diseñadores para acompañarle en un sabroso –y efímero- proyecto editorial llamado dmente.

En 2018 me tocó tomar su puesto como editor en UB Magazine. Literalmente… Allá en la sede de Santa Eduvigis, me senté en el mismo espacio que Eric ocupó durante muchos años antes de mudarse a Buenos Aires y en el que tantas veces me recibió para hablar de pautas en aquellos tiempos en los que colaboraba en la revista impresa. Su manejo de UB fue insuperable: estaba en su elemento otra vez y contaba con recursos y con un equipo que se sumaba a sus locuras y a esa propensión que tenía a forzar algunos límites por diversión y ganas de experimentar.

Desde la distancia siempre estuvo cerca de UB, de El Estímulo. Era muy reconfortante saber que contaba con su “bendición” y su respeto en mis días como editor de UB. En la oficina siempre lo tuvimos cerca aunque él no lo supiera: sus historias, sus maneras, lo que dijo, lo que hizo, cómo lo hizo… a cada tanto tiempo, siempre alguien recordaba algo divertido relacionado con Eric.

Nos pasó hace apenas unos días: se juntó el equipo a tomarse unos rones y Eric Colón apareció otra vez.

Ahora nuestro rockstar se fue. Nos dejó dos libros y también un enigma. Algunos de sus amigos recibimos de su parte un mensaje por WhatsApp: *

Eso, un asterisco. Nada más. ¿Se despidió? ¿Nos hizo un chiste? ¿Hay algo detrás de ese asterisco más allá de su ausencia?

No me jales la manga Eric, no te asomes a mi ventana hoy: tienes que darnos tiempo para entender esto, mientras tú, por la tarde, te transformas en otro Eric Colón.

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