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Elecciones presidenciales en Colombia: abren las urnas en la segunda vuelta

Autor: Julie Turkewitz

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Uno de los candidatos es Gustavo Petro, un exguerrillero y senador con una larga trayectoria que durante mucho tiempo ha tratado de convertirse en el primer presidente de izquierda del país, y propone una transformación del sistema económico.

El otro es Rodolfo Hernández, un magnate de la construcción y estrella de las redes sociales que recientemente se ha convertido en el fenómeno político más disruptivo del país. Ha atraído a los votantes con promesas de “austeridad total” y un enfoque de combate contra la corrupción.

Lo que está en juego en las elecciones presidenciales del domingo es el destino del tercer país más poblado de América Latina, donde la pobreza y la desigualdad han aumentado durante la pandemia y las encuestas muestran una creciente desconfianza en casi todas las instituciones importantes. Las protestas antigubernamentales del año pasado hicieron que cientos de miles de personas salieran a las calles en lo que se conoció como el “paro nacional”, y cuya sombra se cierne sobre la votación del domingo.

“El país entero está pidiendo un cambio y eso es clarísimo”, dijo Fernando Posada, un politólogo colombiano.

Los candidatos llegan a la elección prácticamente empatados en las encuestas, por lo que el resultado podría ser tan reñido que tomará días determinar un ganador.

Quien finalmente obtenga la victoria tendrá que abordar los problemas más apremiantes del país y sus repercusiones globales, como la falta de oportunidades y el aumento de la violencia, que han hecho que un número récord de colombianos migre hacia Estados Unidos en los últimos meses; además se han registrado altos niveles de deforestación en la Amazonía colombiana, un territorio crítico para la lucha contra el cambio climático, y las crecientes amenazas a la democracia, que forman parte de una tendencia en la región.

Los dos candidatos inspiran ira y esperanza entre los votantes. La elección ha dividido a las familias, domina la conversación nacional e inspiró una serie de memes que conforman un retrato del estado de ánimo nacional: En TikTok, Hernández califica como “relocos” a sus críticos, mientras Petro promociona una canción que fomenta un cambio a la práctica ilícita de la compra de votos.

“Túmbalos tú primero”, dice el estribillo, refiriéndose al poder establecido político del país, “cógele la plata y vota por Petro”.

Ambos candidatos dicen que se enfrentan a una élite conservadora que ha controlado el país durante generaciones.

Algo que los diferencia es lo que creen que es la raíz de los problemas del país.

Petro piensa que el sistema económico está roto, que depende demasiado de la exportación de petróleo y de un negocio floreciente e ilegal de cocaína que, según él, ha hecho que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. Exige detener las nuevas exploraciones petroleras, un cambio hacia el desarrollo de otras industrias y una expansión de los programas sociales, mientras impone impuestos más altos para los ricos.

“Hoy lo que tenemos es un resultado de esto que yo llamo el agotamiento del modelo”, dijo Petro en una entrevista, refiriéndose al sistema económico actual. “El resultado final es un empobrecimiento brutal”.

Sin embargo, su ambicioso plan económico ha suscitado preocupaciones. Un exministro de Finanzas definió su plan energético como un “suicidio económico”.

Hernández no quiere reformar el marco económico, pero dice que es ineficiente porque está plagado de corrupción y gastos frívolos. Ha pedido que algunos ministerios se fusionen, propone eliminar algunas embajadas y despedir a los empleados gubernamentales ineficientes, y el dinero que se ahorre con esas medidas se utilizará para ayudar a los pobres.

“El sentimiento que tienen es que yo tengo la posibilidad de enfrentarme a esa camarilla de politiqueros, sacarlos del poder para poder reivindicar los derechos de los más pobres”, dijo sobre sus seguidores.

Sus críticos dicen que está proponiendo una forma brutal de capitalismo que dañará a la nación.

Antiguos aliados y colaboradores de Petro lo acusan de una arrogancia que lo lleva a ignorar a sus asesores y batallar para construir equipos. Hernández suele ser criticado por sus vulgaridades y su carácter dominante, además ha sido acusado de cargos de corrupción, con un juicio que está fijado para el 21 de julio. Aunque, él dice que es inocente.

Sin importar el resultado, el país tendrá por primera vez a una mujer negra como vicepresidenta: Francia Márquez, una activista ambiental, forma parte de la candidatura de Petro, y Marelen Castillo, una exvicerrectora universitaria participa en la candidatura de Hernández.

En mayo, durante la primera vuelta de la votación, Yojaira Pérez, de 53 años, en el norteño departamento de Sucre, calificó su voto por Petro como una especie de castigo, reflejando el estado de ánimo de un electorado que ha impulsado las candidaturas de ambos hombres.

“Sabemos que hay que castigar a los mismos que han sido dominantes de Colombia, que han querido gobernar y manejar a Colombia como si Colombia fuera un títere y nosotros fuéramos títeres de ellos”, dijo.

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Credit…Federico Rios para The New York Times

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia podría poner a prueba la relación de Estados Unidos con su aliado más confiable en América Latina, lo que tendría importantes consecuencias para la región.

Los candidatos a la presidencia —Gustavo Petro, un político de izquierda, y Rodolfo Hernández, un empresario adinerado— han propuesto cambios que podrían reconfigurar los lazos especiales que Colombia ha establecido con Estados Unidos durante décadas de gobiernos conservadores.

La relación entre ambos países ha hecho que Colombia sea la piedra angular de la política de seguridad de Washington en América Latina y, a cambio, la ha convertido en el mayor receptor de ayuda estadounidense en la región.

Ambos candidatos han prometido reevaluar sus vínculos con Estados Unidos, incluidas colaboraciones importantes en materia de drogas, comercio y Venezuela.

Estados Unidos ha invertido miles de millones de dólares en Colombia en las últimas dos décadas para ayudar a sus gobiernos a detener la producción y exportación de cocaína, con pocos resultados.

Petro y Hernández han criticado el enfoque de la guerra contra las drogas, que a lo largo de décadas se ha centrado en erradicar los cultivos de coca, la materia base de la cocaína. Ambos han dicho que adoptarán alguna forma de legalización de las drogas para ayudar a abordar el problema, aunque han sido vagos en los detalles.

Petro, en particular, ha dicho que buscará centrarse más en el desarrollo de las comunidades rurales que cultivan coca que en erradicar la coca en sí.

Estados Unidos ya ha comenzado a avanzar en esa misma dirección, pero Petro podría tener conflictos con los funcionarios estadounidenses sobre el modo en el que se ejecuta el nuevo enfoque.

“Hay que variar esa política que ha fracasado”, le dijo Petro a los periodistas durante un evento de campaña en marzo. “No se puede mantener por inercia o por negocios, lo que no es eficaz ni para Colombia ni para los Estados Unidos”.

En el frente comercial, tanto Petro como Hernández han dicho que revisarán el tratado de libre comercio con Estados Unidos, y han argumentado que Colombia podría tener mayores beneficios.

Ambos candidatos también han declarado que planean restaurar las relaciones de Colombia con el gobierno autoritario del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lo que amenazaría al último bastión de los vacilantes esfuerzos de Estados Unidos por aislar a su mayor adversario suramericano.

Colombia es el único país del sur del continente que está respetando completamente la política estadounidense de “presión máxima” contra Maduro, lo que ha resultado en el aislamiento de Venezuela de la economía global, sanciones contra los principales funcionarios venezolanos y el reconocimiento de Juan Guaidó, el líder de la oposición, como presidente interino del país.

Pero las sanciones no han logrado desbancar a Maduro ni lo han obligado a aceptar que se realicen elecciones libres; al contrario, el líder autoritario se ha adaptado a la presión económica y otros líderes en la región que estaban alineados con Estados Unidos perdieron poder.

Petro dijo que Colombia necesita tener relaciones diplomáticas con Venezuela para atender la violencia endémica que afecta a grandes zonas de los más de 1600 kilómetros que comparten ambos países y para permitir que los negocios colombianos reactiven el comercio transfronterizo.

Hernández le dijo recientemente a CNN en Español que para restablecer relaciones con Venezuela no se “necesita ser amigo” de Maduro.

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Credit…Nathalia Angarita para The New York Times

Como alcalde se llamó a sí mismo “el rey”, golpeó a un concejal que lo ofendió y le dijo a una empleada municipal que se limpiaría el trasero con la ley.

Rodolfo Hernández, un empresario de 77 años y exalcalde, se ha posicionado como el candidato presidencial más disruptivo de Colombia en décadas al cautivar a los votantes con un mensaje anticorrupción de “drenar el pantano” amplificado por un equipo de expertos de las redes sociales que lo han convertido en una estrella de TikTok, lo que le ha permitido eludir los boatos de las campañas convencionales.

Durante la campaña, Hernández evitó la mayoría de los debates y organizó pocos actos públicos y se inclinó más bien por entrevistas con medios amigables y emisiones en vivo organizadas por sus aliados. Aun así, ha entusiasmado a amplios sectores del electorado y sus asesores aseguran que ha comprendido el momento que vive Colombia.

Hernández es uno de los dos candidatos restantes en esta segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Quien gane dirigirá el tercer país más poblado de América Latina en un momento crucial de su historia.

“El pueblo colombiano lo que quiere es realmente rescatar de las garras de los políticos toda la administración pública”, le dijo a The New York Times. “Yo encarno eso”.

Hernández, una figura al estilo Trump, restó importancia a su tendencia a ofender, que incluye decir que las mujeres venezolanas son “una fábrica para hacer chinitos pobres” y declararse seguidor de “un gran pensador” alemán, Adolf Hitler.

“Yo digo lo que siento”, dijo Hernández. “No me interesa el efecto posterior”.

Sin embargo, aclaró que quiso decir Albert Einstein.

Como candidato, Hernández se ha vendido como modelo de democracia, un empresario exitoso que cumple sus promesas y se preocupa por los pobres. Pero un viaje a Bucaramanga, una ciudad flanqueada por montañas donde construyó su imperio y fue alcalde, arrojó una imagen distinta.

Los seguidores de Hernández lo describen como un salvador que eliminó el déficit del ayuntamiento, renegoció contratos para beneficiar a los contribuyentes y rompió con un ciclo de favores políticos que habían hecho de Bucaramanga una capital de la corrupción.

Para los colombianos hartos del poder establecido pero desinteresados de las propuestas de izquierda de Petro, Hernández resulta un candidato perfecto: parece independiente y se autofinancia, un hombre con visión de futuro y las mismas ambiciones para Colombia que para su imperio personal.

“Yo sé que él nos va a cumplir”, dijo Héctor Bonilla, de 58 años. “Yo le veo su cara, su sinceridad cuando él habla”.

Sus críticos dicen que es un peligro para la democracia, evangelista de un capitalismo salvaje que arruinará al país, un hombre con pocas ideas firmes de política que hará lo que sea para salirse con la suya.

“Lo que le espera a este país es una dictadura”, dijo César Fontecha, un exasesor jurídico de la empresa municipal de recolección de basura que dijo que Hernández lo llamó en un ataque de ira para exigirle que ayudara a aprobar un contrato plagado de problemas legales.

Hoy Hernández enfrenta cargos de corrupción en dicho caso y ha sido acusado de presionar a sus subordinados para que una empresa en particular ganara un contrato con el ayuntamiento. Según la oficina de la procuraduría, dicho contrato podría haberle representado ganancias significativas a su hijo.

El juicio de Hernández empieza el 21 de julio. Él ha dicho que es inocente.

“Lo único que sé es que no me robé nada”, dijo. “Por eso estoy tranquilo, con la conciencia tranquila”.

Carlos Buitrago colaboró con reporteo desde Bucaramanga y Piedecuesta, y Genevieve Glatsky, desde Bogotá.

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Tras un ascenso inesperado de rebelde clandestino a alcalde de Bogotá y rostro obstinado de la oposición colombiana, Gustavo Petro podría convertirse en el primer presidente de izquierda de Colombia, un momento crucial para una de las sociedades más conservadoras políticamente de América Latina.

Y, en cierta medida, su auge ha sido impulsado por el electorado joven más numeroso, bullicioso y tal vez más indignado en la historia del país, un sector que exige la transformación de una nación caracterizada por una profunda desigualdad social y racial.

En la actualidad, casi nueve millones de votantes colombianos tienen 28 años o menos, la mayor cantidad en la historia; son una cuarta parte del electorado. Están inquietos: crecieron con la promesa de la educación universitaria y buenos empleos y lucen decepcionados ante el panorama actual, también están más conectados al mundo digital y posiblemente más empoderados que cualquier generación previa.

La generación joven actual enfrenta una inflación anual del 10 por ciento, una tasa de desempleo juvenil del 20 por ciento y una tasa de pobreza del 40 por ciento. Muchos dicen sentirse traicionados por décadas de líderes que han prometido oportunidades, pero han cumplido poco.

La gente joven ha encabezado las protestas contra el gobierno que llenaron las calles de Colombia el año pasado y han dominado la conversación nacional durante semanas. En lo que se conoce como “el paro nacional”, al menos 46 personas murieron, muchos eran manifestantes jóvenes que no estaban armados y muchos de esos incidentes sucedieron en encuentros con la policía​.

En una encuesta de junio de la empresa Invamer, más del 68 por ciento de los votantes de entre 18 y 24 años y cerca del 61 por ciento de los de 25 a 34 años indicaron que planeaban votar por Petro.

En cambio, algo más del 30 por ciento de las personas de 18 a 24 años y algo más del 36 por ciento de las de 25 a 34 años dijeron que votarían por Hernández.

La elección sucede durante un momento difícil para el país. Los sondeos muestran una insatisfacción generalizada con el gobierno del actual presidente, Iván Duque, así como una frustración por la pobreza crónica, una brecha de ingresos cada vez mayor y la inseguridad, que se han intensificado durante la pandemia.

Algunos analistas esperan que los jóvenes acudan a votar en gran número, impulsados no solo por Petro sino también por su candidata de fórmula, Francia Márquez, una activista ambientalista de 40 años con un enfoque de género, raza y con conciencia de clase y quien podría convertirse en la primera vicepresidenta negra del país.

“La generación de TikTok que está muy conectada con Francia, que está muy conectada con Petro, va a ser determinante”, dijo Fernando Posada, un analista político de 30 años.

Pero muchos jóvenes votantes se muestran escépticos sobre la capacidad de Petro para cumplir sus promesas.

En Fusagasugá, Nina Cruz, de 27 años y empleada de un café, dijo que Petro le fallaría a las familias con más dificultades de Colombia y dijo que no le gustaba en particular su pasado como miembro de un grupo rebelde de izquierda.

El país tiene una larga historia de milicias violentas que dicen ayudar a los pobres y acaban por aterrorizarlos.

“Lo que está diciendo es: ‘Yo voy a ayudar a los pobres. Yo hago esto por los pobres’”, dijo. “Y a ciencia cierta es pura mentira”.

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Credit…Federico Rios para The New York Times

CALI, Colombia — Hace unos meses, Marelen Castillo, quien tiene 53 años y un doctorado, era una alta funcionaria de una universidad católica privada en Bogotá, la capital. Ahora es compañera de fórmula del empresario y político que se declara contra el poder establecido que, inesperadamente, quedó en segundo lugar en la primera vuelta de las elecciones más significativas del país en décadas.

El domingo, los colombianos votarán en la segunda vuelta para elegir entre ese candidato, Rodolfo Hernández, y Gustavo Petro, un senador veterano que intenta convertirse en el primer presidente de izquierda en la historia del país.

Sea cual sea el resultado, el país sin duda tendrá su primera vicepresidenta afrocolombiana: ya sea Castillo, docente y conservadora religiosa, o Francia Márquez, activista medioambiental y de justicia social.

Las dos mujeres tienen enfoques drásticamente distintos sobre algunos de los problemas más urgentes del país: la desigualdad, el desempleo y la calidad del sistema de educación pública.

Mientras Márquez ubica la justicia social y la inclusión en el centro de su plataforma —al hablar sobre el racismo y clasismo de un modo que rara vez se discute en público—, Castillo ha centrado su mensaje en la mejora de la educación pública y el acceso a las oportunidades económicas, en particular para las mujeres.

En una entrevista entre eventos de campaña en Cali, Castillo relató que creció en una familia mestiza que se caracterizaba por su armonía y donde los parientes se reunían para cada cumpleaños, fiesta y primera comunión. Su padre es blanco y su madre negra. Pero la raza, dijo, no era algo de lo que se hablara.

“Y tal vez como crecimos en eso, no fuimos muy abocados a sentirlo así”, dijo sobre la cuestión racial, “porque era la unión familiar”.

Entre los principios de la plataforma de Castillo están el aumento a los salarios de los maestros de las escuelas públicas, la inversión en educación deportiva y artística, así como la incorporación de mejores prácticas universitarias de otros países. Tanto Hernández como Castillo han dicho que si resultan electos, ella también será ministra de Educación.

Castillo creció en Cali y es la mayor de cinco hijas de una familia unida, católica y de clase media.

En el hogar la educación era prioridad. Su padre, quien fue maestro de escuela, llevaba a las niñas a pie a la escuela todos los días y les enseñó a leer.

“Mi papá decía: ‘Las educo porque yo no quiero que después tengan que depender de alguien’”, dijo Milene Castillo, bioquímica y hermana de Marelen.

Castillo se lo tomó a pecho, consiguió becas y obtuvo cuatro títulos, entre ellos un doctorado en educación.

Hace 14 años, Castillo se mudó a Bogotá para trabajar en la Corporación Universitaria Minuto de Dios, una universidad católica dirigida a estudiantes de bajos recursos en zonas alejadas del país donde el acceso a la educación superior es limitado.

En la campaña, Márquez ha instaurado la discusión nacional sobre la raza en un país donde el tema generalmente sigue siendo un tabú. Atrae a miles de seguidores fervorosos a sus discursos, en los que llama a los colombianos a atender el sexismo y el racismo sistémicos.

En contraste, Castillo reconoce la existencia del racismo y el sexismo en Colombia, pero estos temas no forman parte central de su mensaje. Más bien enfatiza la idea de crear más oportunidades para las mujeres.

“Hay que reconocer que Colombia es un país machista y ¿quién nos da la oportunidad a nosotras? Los hombres”, dijo Castillo a The New York Times. “Ahora nosotras tenemos que darles oportunidades a otras mujeres”.

Julie Turkewitz colaboró con reporteo desde Cali, Colombia.

Genevieve Glatsky

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Credit…Federico Rios para The New York Times

Por primera vez en la historia de Colombia, una mujer negra está cerca de la cima del poder ejecutivo.

Francia Márquez, una activista ambiental del Cauca, un departamento montañoso en el suroeste de Colombia, se ha convertido en un fenómeno nacional y logró movilizar décadas de frustraciones acumuladas de los votantes, lo que llevó al candidato Gustavo Petro a nombrarla como su compañera de fórmula.

Su ascenso es significativo no solo porque ella es negra en un país donde los afrocolombianos suelen ser objeto de insultos y trato racistas, sino porque tiene orígenes humildes en un país donde la clase económica a menudo define el lugar de una persona en la sociedad. La mayoría de los expresidentes recientes se educaron en el extranjero y están vinculados con las familias poderosas y las personalidades influyentes del país.

A pesar de los avances económicos en las últimas décadas, Colombia sigue siendo muy desigual, una tendencia que ha empeorado en medio de la pandemia, siendo las comunidades negras, indígenas y rurales las más rezagadas. El 40 por ciento del país vive en la pobreza.

Márquez, de 40 años, dijo que decidió postularse para el cargo “porque hemos tenido gobiernos a espaldas de la gente y de la justicia y de la paz”.

La candidata a la vicepresidencia creció durmiendo en un piso de tierra en una región azotada por la violencia relacionada con el largo conflicto interno del país. Quedó embarazada a los 16 años y se fue a trabajar a las minas de oro locales para mantener a su hijo, luego buscó trabajo como empleada doméstica interna.

Para un segmento de los colombianos que claman por un cambio y una representación más diversa, Márquez es su defensora. La pregunta es si el resto del país está preparado para ella.

Algunos de sus críticos la han calificado de divisiva, y han dicho que forma parte de una coalición de izquierda que busca destruir, en lugar de construir sobre, las normas del pasado.

Tampoco ha ocupado un cargo político, y Sergio Guzmán, director de la consultora Colombia Risk Analysis, dijo que “hay muchos interrogantes sobre si Francia sería capaz de ser comandante y jefe, si manejaría la política económica, o la política exterior, de manera que diera continuidad al país”.

Sus opositores más extremos han apuntado directamente a ella con clichés racistas, y critican su clase y legitimidad política.

Sin embargo, en la campaña electoral, el análisis persistente, franco y mordaz de Márquez sobre las disparidades sociales en la sociedad colombiana ha impulsado una discusión sobre la raza y las clases sociales de una manera que casi no se ve en los círculos políticos más poderosos del país.

“Estos temas que son estructurantes, muchas de nuestras sociedades los niegan o los tratan como temas menores”, dijo Santiago Arboleda, profesor de historia afrocolombiana en la Universidad Andina Simón Bolívar. “Hoy están en primer plano”.

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Credit…Nathalia Angarita para The New York Times

Rodolfo Hernández, un magnate de la construcción convertido en estrella de las redes sociales que se ha erigido como un candidato sorpresa en las elecciones presidenciales de Colombia, ha estado muy ausente de la vida pública en las últimas semanas.

Se ha negado a asistir a debates y no ha celebrado mítines, optando más bien por transmisiones en directo organizadas por su equipo de redes sociales.

Pero el domingo, cuando se abrieron las urnas, Hernández salió de un automóvil blanco en Bucaramanga, su ciudad natal, rodeado de guardaespaldas, y se encontró con una emocionada muchedumbre de votantes.

“¡Viva Rodolfo!”, gritaron sus simpatizantes, muchos empujándose para poder ver al candidato cuando entraba a su puesto de votación.

Hernández se abrió paso entre el grupo con una amplia sonrisa. Su oponente, Gustavo Petro, un senador de larga data y antiguo rebelde que intenta convertirse en el primer presidente de izquierda del país, votó a más de 400 kilómetros al sur, en la capital, Bogotá.

En Bucaramanga, la ciudad donde Hernández amasó su fortuna y fue alcalde, su candidatura ha creado un fervor político y un profundo orgullo regional entre los votantes que dicen creer que los representa.

Carlos Gamboa, un comerciante de 42 años, estaba entre el grupo de votantes que esperaban en la fila cuando Hernández llegó a votar.

“La gran mayoría de nosotros estamos con Rodolfo”, dijo, y añadió que no confiaba en Petro, en parte por el tiempo que el candidato fue miembro del grupo insurgente M-19.

Hernández se ha presentado con una plataforma anticorrupción, a pesar de haber sido procesado por cargos de corrupción, acusado de presionar a sus subordinados para que adjudicaran un contrato municipal a una empresa específica, un acuerdo que podría haber beneficiado a su hijo.

Ha dicho que es inocente.

En las urnas de Bucaramanga, muchos votantes no parecían preocupados por la acusación.

“Nadie que va a subir al poder acá va a estar limpio”, dijo Gilma Beserra, de 58 años, “Rodolfo es el menos corrupto”.

En Bogotá, el domingo por la mañana, Adriana Martínez, de 24 años, ya hacía fila a las puertas de una secundaria en el barrio de clase trabajadora de El Sosiego.

Acababa de terminar su turno de la noche como auxiliar de administración de salud y había ido directamente al lugar de votación en autobús.

Martínez dijo que apoyaba a Petro, y que en su decisión influyó en particular su elección de Francia Márquez para vicepresidenta, quien puede convertirse en la primera mujer negra en ser vicepresidenta del país.

Márquez es una activista medioambiental que salió de la pobreza para convertirse en un fenómeno nacional, y ha hablado durante la campaña sobre la raza, la clase y el género de una manera directa que rara vez se escucha en las más altas esferas de la política colombiana.

“Es una persona que viene de donde nosotros venimos”, dijo Martínez, “desde abajo, la pobreza, le tocaba luchar para estar donde está”.

Martínez dijo que daba poca importancia al argumento de que las políticas de Petro darían paso al mismo tipo de crisis económica, humanitaria y democrática que se ha producido en Venezuela.

En Colombia, “ya uno no tiene el dinero suficiente para comprar una papa. En ese sentido ya estamos en esa pobreza extrema”.

En el mismo lugar de votación, Ingrid Forrero, de 31 años, dijo que veía una división generacional en su comunidad, con los jóvenes apoyando a Petro y las generaciones mayores a favor de Hernández.

Su propia familia la llama la “guerrillerita” por su apoyo a Petro, a quien dijo preferir por sus políticas sobre la educación y la desigualdad salarial.

“La juventud está más inclinada hacia la revolución”, dijo, “hacia la izquierda, hacia un cambio”.

Megan Janetsky and Genevieve Glatsky

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Credit…Federico Rios para The New York Times

Rodolfo Hernández, un acaudalado empresario y exalcalde, sorprendió a muchos colombianos con un impulso a última hora en la primera vuelta presidencial que le ganó un lugar inesperado en la segunda vuelta del domingo contra Gustavo Petro, un izquierdista y senador de larga data.

Pero ahora, en su intento por convertirse en el líder del tercer país más poblado de América Latina, Hernández ha atraído un mayor escrutinio por su afición a hacer comentarios incendiarios, especialmente sobre las mujeres.

Ha dicho que “el ideal sería que las mujeres se dedicaran a la crianza de los hijos”, y ha llamado “prostitutas” a otros políticos, dando a entender que son impuros debido a sus afiliaciones políticas.

Al mismo tiempo, también ha dicho que “las mujeres son más trabajadoras, más concentradas, tienen más reservas morales” y son más “eficientes y eficaces” que los hombres.

Como parte de su campaña, Hernández ha prometido promulgar políticas destinadas a beneficiar a las mujeres, como garantizar que ellas constituyan el 50 por ciento de los empleados públicos y que reciban la misma remuneración, así como brindar políticas de trabajo flexible, como el trabajo a distancia, a las madres solteras.

También eligió como compañera de fórmula a Marelen Castillo, una docente de larga trayectoria, que podría convertirse en la primera mujer negra elegida vicepresidenta.

Catalina Ortiz, exdiputada que fue vicepresidenta de una comisión del Congreso sobre la equidad de la mujer, dijo que, aunque no defiende algunos de los comentarios de Hernández, sigue apoyándolo. Las críticas al candidato, dijo, no dejan ver su trayectoria progresista en cuestiones de género.

Hernández, de 77 años, nació en una época diferente y “tiene actitudes machistas, sin duda”, dijo Ortiz en una entrevista, pero también “ha trabajado con y para las mujeres”.

Mencionó el descenso de los índices de violencia doméstica y de embarazos de adolescentes durante sus años como alcalde de Bucaramanga, una ciudad al norte de Bogotá, la capital.

“Tenemos unos resultados mucho mejores que lo que se podría entrever de las cosas que él ha dicho”.

Isabel Ortiz, que fue asesora de Hernández en cuestiones de género cuando era alcalde, calificó algunas de sus palabras de “violentas y ofensivas”, pero también dijo que trataba a los empleados con igualdad y apoyó sus programas para víctimas de violencia doméstica, madres solteras y mujeres pobres.

Sandra Botero, voluntaria de la campaña de Hernández, argumentó que sus comentarios sobre las mujeres y la crianza de los hijos tenían razón: que la presencia de una madre en casa es importante.

“Nosotros que fuimos criados por su mamá en casa, sabemos que nuestro proceder en la vida es más lleno de valores”, dijo. “¿Por qué? Porque la persona crecía dentro del contexto del amor y el apoyo”.

Aun así, Hernández ha hecho tantas declaraciones ofensivas que un medio de comunicación las ha recopilado en un catálogo titulado “Mire cómo Rodolfo Hernández lo ha insultado a usted”.

Y otros se mostraron escépticos sobre si una presidencia de Hernández supondría un cambio real en la vida de muchas mujeres, o abordaría problemas crónicos, como la desigualdad y la pobreza que recaen de manera desproporcionada en ellas.

“Hay demasiada indefinición en sus propuestas de política pública para que ese sea el caso”, dijo Sandra Borda, profesora de ciencias políticas de la Universidad de los Andes en Bogotá.

Genevieve Glatsky

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Credit…Federico Rios para The New York Times

Gustavo Petro, el candidato de la izquierda en la segunda vuelta del domingo, intenta forjar una estrategia ganadora, para ello ha puesto los derechos de las mujeres entre las prioridades de su programa, a modo de captar los votos de un joven bloque feminista que clama por la igualdad.

La campaña presidencial del país ha estado marcada por un rechazo a la clase política dominante, alimentado por el creciente descontento ante la pobreza y el desempleo que se agravaron con la pandemia y que han afectado de manera desproporcionada a las mujeres.

En la campaña, Petro ha hecho hincapié en su plataforma de género, que promete una renta básica para las madres solteras pobres, pensiones para las mujeres que se quedan en casa y un apoyo incondicional al aborto.

El contrincante de Petro, Rodolfo Hernández, un acaudalado empresario, ha dado a conocer su propia plataforma de género, que incluye préstamos a bajo interés para las empresarias y un impulso a la igualdad salarial para las mujeres.

Si Petro gana, su compañera de fórmula, Francia Márquez, abogada y activista afrocolombiana, se convertiría en la primera vicepresidenta negra del país. Márquez resulta especialmente atractiva para las mujeres más jóvenes que desafían el sexismo, el racismo y otras formas de intolerancia en la sociedad colombiana, profundamente católica y conservadora.

“Las mujeres jóvenes pueden hacer una diferencia en estas elecciones si salen a votar”, dijo Ana Cristina González Vélez, una de las fundadoras de Causa Justa, una coalición de organizaciones de mujeres que este año ganó una demanda que legalizó el aborto.

Aun así, algunas mujeres siguen desconfiando de Petro porque algunas de sus posturas pasadas han provocado una relación tensa con miembros feministas de su partido.

En cuanto al aborto, Petro había estado pidiendo una política de “aborto cero” que se centre en campañas de prevención a fin de eliminar la necesidad del procedimiento.

Antes de unirse a su candidatura, Márquez, que según Petro dirigirá un ministerio de igualdad que creará si gana, cuestionó su postura.

“Yo le pregunto a Petro, ¿cuántas mujeres tienen que morir, cuántas mujeres tienen que pasar por estas situaciones dolorosas hasta que llegue el aborto cero?”, cuestionó Márquez a fines del año pasado.

Desde entonces, Petro ha replanteado su postura y ha dicho que apoya plenamente el fallo sobre el aborto.

En 2019, la decisión de Petro de respaldar a un candidato a la alcaldía de Bogotá que había sido acusado de abuso por su esposa también provocó una reacción negativa.

“Creo que Gustavo en ese momento se equivocó”, dijo Ángela María Robledo, compañera de fórmula de Petro cuando fue candidato a la presidencia en 2018.

Aun así, la decisión de Márquez de postularse con Petro ha ayudado a atraer más apoyo de las mujeres.

“Yo creo que ella va a poder impulsar muchas cosas y esa es mi esperanza”, dijo Sara Tufano, una excandidata al Congreso que ha sido crítica con algunas de las opiniones de Petro en temas de género.

Christina Noriega

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