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Haití, un año después del magnicidio

Autor: ELMUNDO

Actualizado

La inestabilidad política, la violencia, y la inacción judicial para esclarecer el asesinato del presidente Jovenel Moise, sacuden al primer país en declarar su independencia en América Latina

Ciudadanos abandonan sus hogares durante un enfrentamiento entre bandas.
Ciudadanos abandonan sus hogares durante un enfrentamiento entre bandas.RALPH TEDY EROLREUTERS

Un año después, Haití sigue entre tinieblas. El asesinato del presidente Jovenel Moise, el único magnicidio en América Latina en lo que va de siglo, ha resquebrajado aún más a un país considerado como un estado fallido, víctima también de uno de los grandes fracasos de la comunidad internacional, solo un peldaño por debajo de Afganistán.

El cúmulo de adversidades crece día a día, como la sufrida por un centenar de sus ciudadanos que se subieron a una balsa para navegar hasta Estados Unidos, la tierra prometida donde ya existe una fuerte comunidad haitiana. Las mareas les arrastraron, en cambio, hasta Cuba, desde donde prefirieron volver, pese a los ofrecimientos de las autoridades castristas.

Una metáfora de la desgracia, como la que sufre la familia y los seguidores de Moise en sus reclamos de justicia. Hasta hoy son cinco los jueces que no han avanzado más allá de lo conseguido en los primeros días con la detención de los mercenarios colombianos.

El último instructor de la causa, paradojas del destino, se apellida Voltaire, pero nada tiene que ver con el filósofo francés, según sus actuaciones previas. La Policía ha comunicado en las últimas horas la destitución de más de 30 agentes cuando desde el primer día se sabe que el comando asesino entró sin mayores obstáculos a la vivienda presidencial. Moise había denunciado con reiteración en las últimas semanas los planes para derrocarle, incluso asesinarle.

De momento, la mayor esperanza para la familia es el proceso que se sigue en Miami contra el exsenador Joel Joseph, extraditado por Jamaica a principios de año. Parte de la misma investigación son los otros dos procesados, el militar colombiano Mario Palacios y el empresario Rodolphe Jaar. Turquía, en cambio, ha liberado esta semana a otro de los sospechosos, el empresario jordano Samir Handal, quien alquiló la vivienda a uno de los organizadores del magnicidio.

“La ex primera dama no tiene intención, bajo ninguna circunstancia, de asistir a las actividades conmemorativas a cargo del Estado haitiano, cuyo jefe de gobierno es objeto de graves presunciones de asesinato del presidente”, ha hecho público la oficina de comunicación de Martine Moise, la viuda de Jovenel, quien sobre el cuerpo de su marido, tiroteado y torturado por dos de los asaltantes, le juró que continuaría su lucha. Previamente, al presidente le rompieron las muñecas, los tobillos y le sacaron los ojos: no se trataba de una venganza, buscaban información, la famosa lista de hombres poderosos unidos para conspirar contra él y sus negocios sucios, desde el narcotráfico hasta el crimen organizado alrededor de las bandas de delincuentes que asesinan, secuestran y extorsionan en el país que comparte isla con la República Dominicana.

Tumbada en el suelo en medio de un charco de sangre, uno de los sicarios le puso su bota militar sobre el pecho, la alumbró con una linterna y dijo a su compañero, en español, que estaba muerta. Un año después, Martine no ha recuperado plenamente la movilidad de su brazo herido, pero eso no le ha impedido convertirse en la clave política del país caribeño, como heredera directa del legado de Moise.

Ariel Henry, primer ministro de facto, ha retrasado sine die unas elecciones presidenciales que la comunidad internacional y el propio país exigen desde el año pasado. En las encuestas internas que se manejaban, Martine arrasaba. El círculo de los Moise, incluido el ex primer ministro Claude Joseph, exige la creación de una comisión internacional de investigación y la puesta en marcha de un tribunal especial para paliar las debilidades del sistema judicial haitiano. “Esta justicia es una parodia”, ha reclamado Joverlein Moise, hijo mayor del presidente asesinado, desde su exilio en Canadá. La viuda tiene previsto volar en las próximas horas a Puerto Príncipe desde su refugio en Estados Unidos.

Sin justicia, sin elecciones y devastado por la guerra criminal y por la propia naturaleza, que en tantas ocasiones ha demostrado su crueldad contra el primer país que declaró su independencia en América Latina. Las bandas violentas asesinaron el año pasado a casi 900 personas, entre ellas 53 policías, y secuestraron a otras mil, incluidos 81 extranjeros. Este miércoles ocho personas han muerto y cinco han resultado heridos de gravedad en el sur de Puerto Príncipe, víctimas de un enfrentamiento entre bandas.

El terremoto del año pasado profundizó la tragedia sin fin de Haití. Murieron 2.200 personas y 13.000 resultaron heridas, en una nueva herida tras el gran seísmo de 2010, que se cobró la vida de más de 220.000 haitianos. Casi un centenar de hospitales, carreteras, puentes, más de 130.000 viviendas y más de mil escuelas resultaron dañados. Otra vez.

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