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Las técnicas más efectivas para resolver los conflictos de pareja

Autor: DR. XAVIER FABREGAS

Es conocido que tras las vacaciones de verano aumentan las separaciones y los divorcios. En la mayoría de los casos, sabemos que ya eran parejas en crisis y que el aumento de las horas de convivencia durante las vacaciones solo ha puesto en evidencia lo que era un problema antes, pero que durante el resto del año podía quedar disimulado en la posibilidad de pasar muchas menos horas juntos. Incluso se podía pensar en que el conflicto no era tan intenso ya que no había enfrentamientos o discusiones en ausencia de la oportunidad de encontrarse.

La mejor relación de pareja no es la que no discute, sino la que discute bien

El contraste de pareceres, la diferencia de puntos de vista es consustancial a la idea de un acuerdo libre entre dos personas autónomas que es lo que debe ser una relación sana de pareja. No debemos pensar exactamente igual siempre y en todos los temas, pero tampoco nos podemos traicionar a nosotros mismos, cediendo terreno en cuestiones que son esenciales.

El componente más destructor en una relación es la desilusión. Y es un elemento que tiene que ver con uno mismo y no tanto con el otro. El desencanto respecto a lo que uno busca en realidad, los deseos y los miedos que a menudo la pareja no conoce porque no se han podido comunicar. Y la desilusión lleva a un rencor ya que atribuimos al compañero/a no haber colmado nuestras expectativas. Las nuestras. Las propias.

Si partimos de la base de que en la relación hubo una etapa feliz que duró un tiempo más allá del enamoramiento de los primeros momentos y que no existe ninguna cuestión en la forma de pensar o de ver la vida que sea incompatible y que significarían una fuente de discusiones sin posibilidad de llegar a acuerdos porque son posiciones irrenunciables e irreconciliables, es posible utilizar estrategias que faciliten el llegar a acuerdos que mejoren una relación de pareja que la incomunicación ha deteriorado.

Muchas veces las parejas en crisis imaginan la terapia de pareja como un foro en la que un profesional hace de árbitro en las discusiones dando la razón a uno de los componentes de la pareja de forma que se establece una verdad que el otro tiene que aceptar. Así se imponen la tarea de convencer al terapeuta para que “compre” la versión de uno de los dos, muchas veces olvidando que la tarea es aprender a dirimir los conflictos, aprender a discutir para que se sienten las bases para resolver nuevos conflictos de futuro, sobre todo si estos van a estar originados por problemas para expresar sentimientos. Al que hay que convencer es a la pareja, no al terapeuta.

Paso uno para reconducir una relación

Propongo una estrategia que ha sido muy efectiva para enseñar a las parejas a reconducir sus formas de relación. Se acuerda destinar seis sesiones, espaciadas no menos de una semana, pero no más de diez días en las que los dos componentes de la pareja van a dedicar dos horas a hablar de la relación. Sin interferencias. Focalizados en sacar los temas que les preocupan o les duelen, pero con la condición de que si el tema no queda zanjado de forma que no signifique de nuevo un motivo de discusión porque se ha llegado a un acuerdo se volverá a plantear en la siguiente sesión, pero no antes.

No vale sacar el tema al día siguiente o en un momento de calentón, sino que volverá a discutirse en el próximo encuentro predeterminado. El tiempo entre sesión y sesión permite repensar los posicionamientos y reflexionar sobre el punto de vista del otro, que se conoce porque se ha podido explicar con detalle.

Hay pocas reglas, más allá de tener un punto de vista constructivo (se hace para encontrar consenso desde la disensión), el respeto a las formas (escuchar y reflexionar y poder explicar el propio punto de vista, no imponer) y no presuponer que es lo que piensa el otro, sino escuchar su propuesta (se pude estar más o menos seguro de lo que piensa uno mismo, pero no sabe qué opina el otro hasta que se explica, y con todos los matices necesarios).

Hay que intentar evitar expresiones dramáticas y maximalistas. Palabras como “siempre”, “nunca” no son válidas porque se debe considerar que las situaciones son dinámicas y evolucionan, y lo que hoy es muy doloroso pierde intensidad cuando pasa el tiempo.

Establecemos de manera arbitraria el número de sesiones en seis, aunque nada impide hacer más si el formato se percibe como un método efectivo para ordenar el debate y solucionar conflictos. Pero la obligación de hacer como mínimo esas seis, marca un horizonte a la vez cercano para iniciar un proceso activo de cambio y no parece excesivo si lo que se pretende es salvar una relación importante. Los que lo han probado suelen explicar que las primeras sesiones son las más difíciles pero que en las siguientes ya se sienten más cómodos y son capaces de abordar temas más profundos.

Paso dos para encauzar la relación

Una vez conseguido este espacio de comunicación ordenada el siguiente paso es lo que llamamos quid pro quo. Esta locución en latín significa literalmente “una cosa por otra”. Por lo tanto, se trata de intercambiar cosas que uno hace por el otro por algo que el otro hará para ti. Y son acciones, no buenos propósitos, que es lo que permite obtener resultados prácticos y visibles del intercambio. Repartirse tiempos de ocio personales, distribuyendo mejor las horas de las tareas domésticas o el cuidado de los hijos serían ejemplos del quid pro quo. Muchas veces, cuando se negocia, se empiezan a tener en cuenta las necesidades, las pequeñas manías y los deseos de la pareja, sabiendo además que ponemos sobre la mesa los propios. En la medida que se valore que en el intercambio los dos ganan y que lo que se consigue pactar mejora la relación, se está en el buen camino para superar las crisis normales que provoca el desgaste natural de la convivencia. Y si no al menos queda la evidencia de que se ha intentado de buena fe.

Si la relación acaba en ruptura, pero hay respeto hacia el otro, seguro que será mejor que la convivencia forzosa sin respeto

Sobre el autor

Hablamos del Dr. Xavier Fàbregas, fundador y director médico de Mas Ferriol
​Instagram: @centromasferriol
Web: www.masferriol.com

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