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La polémica por la inflación y los números detrás de la Gala del Met

Autor: Esperanza Balaguer
Kim Kardashian luciendo el icónico vestido de Marilyn Monroe junto a su pareja, el cómico Pete Davidson.

Nueva York amaneció el primer lunes de mayo bajo la amenaza de tormenta. Ninguna inclemencia pudo arruinar la esperada Gala del Met, el evento más importante de la moda, que reunió a algunas de las estrellas más conocidas del mundo en el Museo Metropolitano.

El evento, organizado por la todopoderosa directora de la editorial Conde Nast y editora de la revista Vogue, Anna Wintour, fue una vez más un despliegue de vestidos imposibles, sonrisas blanqueadas y un derroche de lujo no exento de polémica.

Este año, el código de vestimenta era Glamour dorado y traje de etiqueta. Un homenaje al próspero periodo que vivió la economía de EEUU entre 1870 y 1890, tan de moda debido a la serie de Netflix The Gilded Age.

La temática provocó un encendido debate en las redes sociales debido a las dificultades que atraviesan muchas familias para llegar a fin de mes por la inflación más alta registrada en cuatro décadas en el país. Las críticas arreciaron contra los organizadores por una temática “fuera de lugar” repleta a de excesos mientras la nación lidia con una economía en declive.

Entre los brillos y las plumas, uno de los asistentes, el actor Riz Ahmed, apareció vestido como uno de aquellos trabajadores que levantaron las grandes infraestructuras de EEUU en pleno boom industrial. “Este es un homenaje a los trabajadores inmigrantes que mantuvieron dorada la Época Dorada”, declaró en la alfombra roja.

No faltó en la gala el fundador de Tesla, Elon Musk, que acudió acompañado de su madre dispuesto a lucir su reciente compra de la red social Twitter. También estuvieron allí, la cantante española Rosalía, vestida de Givenchy con gafas de sol al estilo Martirio, la familia Kardashian casi al completo, las icónicas modelos Naomi Campbell y Kate Moss, y actrices como Emma Stone o Julian Moore.

Una lista de casi 600 invitados entre los que también se encontraba la excandidata presidencial Hillary Clinton, íntima amiga de Wintour, que asistió por primera vez en 20 años, y el recién estrenado alcalde de Nueva York, Eric Adams, con un mensaje contra las armas.

Beneficios millonarios

Si ya es difícil hacerse un hueco en la lista de invitados, las entradas para el evento cuestan 35.000 dólares (33.130 euros) y reservar una mesa puede llegar hasta los 300.000 dólares, una práctica que suele correr a cargo de las marcas de alta costura.

Esto supone una recaudación estimada de 16,4 millones de dólares en una sola noche, según las cifras de 2021, cuando la asistencia se redujo debido a la pandemia. Una cantidad de dinero muy superior al que recaudan otras instituciones como el Ballet de la Ciudad de Nueva York que consiguió poco más de 2,3 millones de dólares el año pasado.

Porque el propósito de la gala, además de lucir las creaciones de los diseñadores más cotizados del mundo, es hacer caja para el Costume Institute del Met, el departamento de moda del museo fundado en 1932. La gala comenzó en 1948 bajo la iniciativa de la publicista de moda Eleanor Lambert y en 1972 se convirtió en el glamuroso evento que es hoy de la mano de la mítica editora de Vogue Diana Vreeland.

En los últimos cinco años, la gala ha recaudado más de 70 millones de dólares y en las últimas dos décadas ha recolectado más de 200 millones de dólares en donaciones. Un negocio provechoso ya que la producción del evento, junto a la exposición que se inaugura esa noche, le cuesta al museo alrededor de 4 millones de dólares.

Más difícil de contabilizar son los beneficios por publicidad que recogen las marcas de moda. Así como el coste de los vestidos, que suele mantenerse en secreto, pero cuyo precio estimado está entre los 4.495 y los 35.610 dólares, según cálculos del diario The Ecomonic Times.

La sorpresa de este año fue la aparición de la celebrity Kim Kardashian con el vestido que lució Marilyn Monroe cuando le cantó Happy Birthday Mr. President a John Kennedy en 1962. La icónica prenda fue diseñada por el modisto Jean Louis y costó entonces 12.000 dólares. En 2016, la franquicia de objetos raros Ripley’s Believe It or Not! lo adquirió en una subasta por 4,81 millones de dólares, lo que lo convirtió en uno de los vestidos más caros del mundo.

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