• José Carlos Cueto – @josecarloscueto
  • Enviado especial de BBC News Mundo a Qatar

Fanática de Ecuador vestida y pintada con los colores de su bandera forma un corazón con sus manos.

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Los ecuatorianos tiñeron Qatar de amarillo, rojo y azul este domingo.

El día en Qatar amanece ventoso y las ráfagas levantan polvo constantemente.

Los ojos y la garganta se irritan producto de las partículas de tierra imposibles de evitar a pesar de que la tormenta de arena es más leve de lo que podría ser.

Para llegar al estadio Al Bayt, el más lejano de la capital, Doha, hay que atravesar unos 40 kilómetros del desierto qatarí.

En medio del trayecto, edificios futuristas se levantan e interrumpen el paisaje inhóspito. Es la ciudad de Lusail, que se ha erigido en pocos años y se ha acelerado más todavía mientras se acercaba la Copa del Mundo.

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El estadio Al Bayt es como una carpa rectangular gigante.

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Los qataríes están contentos de que gente de todo el mundo los visite.

“Esto es impresionante. Vine en 2015 y nada de esto existía”, dice uno de los periodistas de la BBC que viene en la furgoneta.

Tras 12 años de espera desde que la FIFA le otorgó la sede en 2010 en medio de denuncias de corrupción y sobornos, hoy era un día en mayúsculas para Qatar.

Y las incómodas condiciones climáticas no impidieron que desde cinco horas antes del partido empezaran a llegar ecuatorianos y qataríes para la fiesta.

El color de las aficiones

El estadio Al Bayt se descubre como una carpa rectangular gigante en medio del desierto en la que caben 60.000 espectadores.

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Los ecuatorianos en Qatar quedaron felices luego de la victoria 2 a 0 frente al anfitrión.

Los ecuatorianos siguen llegando. “¡Ecuador, Ecuador, Ecuador!”, cantan una y otra vez mientras agitan la bandera tricolor.

“Vine desde Quito, muchas horas de viaje, pero estoy muy feliz de estar aquí”, le dice Lizbeth Luje a la BBC.

Los qataríes tienen otro estilo. Llegan más comedidos, en familia, vistiendo sus atuendos típicos con bufandas al cuello y alguna que otra bandera al aire.

Pero entre ellos hay uno que llama más la atención. Se llama Salem al Kathairi y lleva una foto grande del anterior emir, Hamad bin Khalifa al Thani, y a diferencia de la mayoría de qataríes no rehúye de la prensa extranjera que se agolpa fuera del estadio.

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El fútbol invadió todas las calles en Qatar.

“Esto es un orgullo. Después de 12 años, estamos muy contentos y les damos la bienvenida a todos para la Copa del Mundo. Espero que disfruten de Qatar”, dice Al Kathairi a BBC Mundo.

Otros muchos qataríes apuran hasta casi el comienzo de la inauguración para llegar. Acuden con choferes en autómoviles aparatosos de lujo.

El glamour y el derroche son seña de identidad de este evento en que Qatar espera convencer a muchos tras el aluvión de críticas que recibe por su conservadurismo y prácticas contra derechos humanos.

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Los argentinos son uno de los grupos que más se hace notar en las calles de Qatar.

Otras muchas aficiones tampoco quisieron perderse el debut. Argentinos, brasileños, portugueses, uruguayos, mexicanos, belgas e ingleses también animan la tarde.

Así se vivió en Doha

En la vuelta a Doha, dos horas antes del partido, las carreteras colapsan. El tránsito está confinado en las inmediaciones del recinto. Los autobuses cortan su frecuencia. Las aplicaciones de taxis no conectan.

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Los edificios en Doha lucen imágenes de jugadores en sus fachadas.

Tras mucho batallar, BBC Mundo coincide en el mismo taxi de vuelta con una pareja de venezolanos que vive en Arabia Saudita y que aprovechó la cercanía para vivir una Copa del Mundo. Alucinan con toda la infraestructura construida aquí.

Al llegar a la zona de fans del parque Al Bidda, cerca de la bahía de la capital, las colas no terminan y a los rezagados sin entrada para el estadio se les hace imposible ver el partido en las pantallas gigantes.

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En el parque Al Bidda de Doha se instaló una zona de fans con pantallas gigantes.

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Los que no pudieron comprar entradas tienen la opción de verlo en pantallas gigantes instaladas en Qatar.

Hay que buscar opciones y muchos se dispersan entre rascacielos fluorescentes para encontrar más pantallas públicas.

En una de ellas, cerca de uno de los hoteles más lujosos de la ciudad, se concentran varios dispersos.

Es uno de los pocos espacios en Qatar donde los fans pueden comprar alcohol; alrededor de US$13 cuesta una botella pequeña de cerveza.

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Los hinchas buscan maneras creativas de alentar a sus equipos.

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El fútbol pasó a ser un tema excluyente en Qatar en estos días.

Muchos aquí son inmigrantes o turistas que apoyan a Qatar, como un saudita a menos de dos metros que degusta a la vez dos botellas de rubia junto a una bolsa de papas.

Los goles de Enner Valencia para Ecuador congelan varios ánimos, pero algunos seguidores de Qatar vestidos con la camiseta granate celebran por lo bajo.

Es un Mundial y claro que importan los equipos, pero más importa la fiesta del fútbol.

La victoria de Ecuador no le borra la sonrisa al primer país musulmán y de Medio Oriente que acoge el torneo futbolístico con más pedigrí del mundo.

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