/ domingo 17 de abril de 2022

Este 19 de este abril conmemoraremos que en esa fecha de 1876 murió en La Paz el coronel Máximo Velasco, jefe político de Baja California Sur.

Su breve administración enfrentó serios desencuentros con el vicario Ramón (María de San José) Moreno y Castañeda, proveniente de la diócesis de Chiapas, principalmente por el desacato de éste a las Leyes de Reforma.

Comenta don Adrián Valadés que “Velasco era un joven apreciabilísimo por sus cualidades personales…, un liberal sincero y progresista, justo, de una honradez acrisolada, ilustrado y de un criterio lleno de sensatez. El nuevo jefe político satisfizo las aspiraciones de la sociedad…”

La contienda entre las autoridades política y religiosa dividió los ánimos de los paceños a pesar del espíritu conciliador que interpuso Velasco, al decir de don Adrián. Todo ello devino conflicto desde el púlpito y la prensa, habiéndose creado por las partes sendos periódicos.

El obispo, que continuó su campaña en el gobierno del coronel Francisco Miranda y Castro, hubo de salir de la entidad el 1 de noviembre siguiente. Desde su nueva ubicación en San Francisco, Alta California, dirigió una Carta Pastoral a los católicos sudcalifornianos, “con motivo de su destierro”, cuya parte inicial puede leerse a continuación:

“Al contemplar las tropelías y arbitrariedades que se han hecho contra nuestra persona por el gobierno del Territorio, de acuerdo y concierto con muchos de los masones y varios enemigos gratuitos nuestros que, complacidos, nos vieron encarcelados, maltratados, vejados y, por último, desterrados; al ver que en todo se ha procedido de la manera más injusta y antilegal, no podemos menos, amados hijos en Jesucristo, que protestar solemnemente ante Dios y el mundo entero contra el gobierno de la Baja California, al que, por haber servido de instrumento a la logia de La Paz, le decimos [frase en latín]: Sí, “ésta es vuestra hora y el poder de las tinieblas” de la masonería. Los hechos que habéis presenciado han quitado la máscara con que ante vosotros se presentaba la masonería, y por los frutos podéis ya conocer al árbol. ¡Ah!, desgraciados los pueblos cuyos gobiernos son el triste y vil esclavo de los y tenebrosos antros de la masonería. Todo el mundo gime ya por los males que el virus masónico le ha causado; y vosotros, a la par que nos, habéis derramado vuestras lágrimas al sernos arrancados de vuestro lado para emprender el camino del destierro […]

Desde antes de mi llegada a la península de la Baja California sabía, por informes ciertos, que en la capital existía una sucursal de la logia escocesa, proscrita tan justamente en el mundo por la Iglesia y por la legislación de muchos países, a causa de sus funestos y amargos frutos. Y que no sólo existía simplemente, sino que había levantado un edificio que llaman templo masónico, a poca distancia de la iglesia que hay en La Paz. Me repugnaba creer tan lamentable realidad, pero a mi arribo a La Paz quedé convencido de ello con inmenso dolor de mi alma, y no pude menos que manifestarlo así en la primera vez que dirigí mi palabra a mis amados hijos de aquella ciudad. Y esta manifestación, que no fue sino la expresión de mi profunda pena, fue maliciosamente interpretada por los masones como un desafío y una guerra encarnizada. Desde ese momento, y con más o menos actividad y saña, la logia de La Paz ha trabajado constantemente no sólo contra mi persona sino contra la propagación del evangelio y contra la educación moral y religiosa de las familias […]” (San Francisco, Cal., Imprenta de P. J. Thomas, 20 págs., 1876.)

El templo de la logia masónica “Los fieles obreros de la Baja California” fue construida en el terreno donado por don Santiago Viosca, en la esquina de las calles Independencia y Aquiles Serdán, de La Paz. Nació en La Florida (1827), hijo de catalanes; llegó a Baja California Sur a mediados del siglo XIX como cónsul de los Estados Unidos de [norte] América, y contrajo matrimonio con Rosalía Navarro Villaescusa, sonorense cuya familia se estableció en El Triunfo, por entonces la población más importante, económica y demográficamente, de la península. Viosca emprendió en la capital sudcaliforniana, lateralmente a sus ocupaciones diplomáticas, labores comerciales e industriales como fue el establecimiento de una tenería (curtiduría, taller donde son preparadas las pieles) en que se elaboró la famosa suela Viosca, muy requerida en fábricas nacionales y extranjeras de calzado. Dicha empresa patrocinó a un potente grupo de beisbol que tuvo encuentros con equipos de primera fuerza de la costa del Pacífico. El edificio acabó en un incendio en 1959, aunque sus tareas originales habían terminado desde varios años antes.

El jardín de la plaza Constitución, en el centro de La Paz, tiene el nombre del personaje que recordamos en su aniversario luctuoso.

Este 19 de este abril conmemoraremos que en esa fecha de 1876 murió en La Paz el coronel Máximo Velasco, jefe político de Baja California Sur.

Su breve administración enfrentó serios desencuentros con el vicario Ramón (María de San José) Moreno y Castañeda, proveniente de la diócesis de Chiapas, principalmente por el desacato de éste a las Leyes de Reforma.

Comenta don Adrián Valadés que “Velasco era un joven apreciabilísimo por sus cualidades personales…, un liberal sincero y progresista, justo, de una honradez acrisolada, ilustrado y de un criterio lleno de sensatez. El nuevo jefe político satisfizo las aspiraciones de la sociedad…”

La contienda entre las autoridades política y religiosa dividió los ánimos de los paceños a pesar del espíritu conciliador que interpuso Velasco, al decir de don Adrián. Todo ello devino conflicto desde el púlpito y la prensa, habiéndose creado por las partes sendos periódicos.

El obispo, que continuó su campaña en el gobierno del coronel Francisco Miranda y Castro, hubo de salir de la entidad el 1 de noviembre siguiente. Desde su nueva ubicación en San Francisco, Alta California, dirigió una Carta Pastoral a los católicos sudcalifornianos, “con motivo de su destierro”, cuya parte inicial puede leerse a continuación:

“Al contemplar las tropelías y arbitrariedades que se han hecho contra nuestra persona por el gobierno del Territorio, de acuerdo y concierto con muchos de los masones y varios enemigos gratuitos nuestros que, complacidos, nos vieron encarcelados, maltratados, vejados y, por último, desterrados; al ver que en todo se ha procedido de la manera más injusta y antilegal, no podemos menos, amados hijos en Jesucristo, que protestar solemnemente ante Dios y el mundo entero contra el gobierno de la Baja California, al que, por haber servido de instrumento a la logia de La Paz, le decimos [frase en latín]: Sí, “ésta es vuestra hora y el poder de las tinieblas” de la masonería. Los hechos que habéis presenciado han quitado la máscara con que ante vosotros se presentaba la masonería, y por los frutos podéis ya conocer al árbol. ¡Ah!, desgraciados los pueblos cuyos gobiernos son el triste y vil esclavo de los y tenebrosos antros de la masonería. Todo el mundo gime ya por los males que el virus masónico le ha causado; y vosotros, a la par que nos, habéis derramado vuestras lágrimas al sernos arrancados de vuestro lado para emprender el camino del destierro […]

Desde antes de mi llegada a la península de la Baja California sabía, por informes ciertos, que en la capital existía una sucursal de la logia escocesa, proscrita tan justamente en el mundo por la Iglesia y por la legislación de muchos países, a causa de sus funestos y amargos frutos. Y que no sólo existía simplemente, sino que había levantado un edificio que llaman templo masónico, a poca distancia de la iglesia que hay en La Paz. Me repugnaba creer tan lamentable realidad, pero a mi arribo a La Paz quedé convencido de ello con inmenso dolor de mi alma, y no pude menos que manifestarlo así en la primera vez que dirigí mi palabra a mis amados hijos de aquella ciudad. Y esta manifestación, que no fue sino la expresión de mi profunda pena, fue maliciosamente interpretada por los masones como un desafío y una guerra encarnizada. Desde ese momento, y con más o menos actividad y saña, la logia de La Paz ha trabajado constantemente no sólo contra mi persona sino contra la propagación del evangelio y contra la educación moral y religiosa de las familias […]” (San Francisco, Cal., Imprenta de P. J. Thomas, 20 págs., 1876.)

El templo de la logia masónica “Los fieles obreros de la Baja California” fue construida en el terreno donado por don Santiago Viosca, en la esquina de las calles Independencia y Aquiles Serdán, de La Paz. Nació en La Florida (1827), hijo de catalanes; llegó a Baja California Sur a mediados del siglo XIX como cónsul de los Estados Unidos de [norte] América, y contrajo matrimonio con Rosalía Navarro Villaescusa, sonorense cuya familia se estableció en El Triunfo, por entonces la población más importante, económica y demográficamente, de la península. Viosca emprendió en la capital sudcaliforniana, lateralmente a sus ocupaciones diplomáticas, labores comerciales e industriales como fue el establecimiento de una tenería (curtiduría, taller donde son preparadas las pieles) en que se elaboró la famosa suela Viosca, muy requerida en fábricas nacionales y extranjeras de calzado. Dicha empresa patrocinó a un potente grupo de beisbol que tuvo encuentros con equipos de primera fuerza de la costa del Pacífico. El edificio acabó en un incendio en 1959, aunque sus tareas originales habían terminado desde varios años antes.

El jardín de la plaza Constitución, en el centro de La Paz, tiene el nombre del personaje que recordamos en su aniversario luctuoso.

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