Llamemos la atención sobre determinados envases de leche convertidos en enciclopedias de sostenibilidad. Diseños muy elaborados dirigidos a evocar todo un mundo natural y en los que lo nutricional puede incluso ser lo de menos. Cada vez dan más lectura por las mañanas, con leyendas sobre el origen de la materia prima, descripciones de envases reciclables, un abanico de certificados que abarcan desde el sello de Bienestar Animal, hasta el FSC de cartón procedente de fuentes responsables o el Carbon Trust. Envases elaborados con más materiales vegetales y menos plástico, con tapones fabricados a partir de caña de azúcar… Cero emisiones, todo reciclable. Códigos QR que invitan a la información y la transparencia. Leches locales, familiares, de cercanía y que reivindican la autenticidad. No digamos ya si el producto es ecológico o vegetal, que la cosa se complica. Todo un ejercicio de marketing que apunta a la sostenibilidad, al menos en el envasado, porque entre leches no hay grandes diferencias de sabor y es aquí donde seguramente está uno de los márgenes para el valor añadido.

Los envases lácteos más respetuosos con el medioambiente serían, lógicamente, aquellos que podemos reutilizar a lo largo del tiempo, y eso nos lleva a una opción no demasiado común ni accesible como es el vidrio. El brik, sin embargo, es el recurso más extendido y, aunque no es reutilizable, sí es totalmente reciclable. Incluso las botellas de plástico han aceptado el desafío y cada vez se producen más con materiales sostenibles como el PET y HDPE. Esfuerzos que tienden a satisfacer las demandas de un consumidor cada vez más concienciado con el impacto de la producción alimentaria en el medioambiente.